Por Ahmad Safi, Director General, y Liz Tyson, Relaciones Internacionales, Palestinian Animal League.

La semana pasada, tanto internet como la prensa se llenaron de indignación por la matanza ilegal de un león llamado Cecil en Zimbabue. A Cecil, favorito en la región entre los turistas y los lugareños, le dispararon cruelmente con un arco y una flecha, y dejaron que sufriera durante 40 horas antes de terminar con su vida de un balazo. Luego lo decapitaron y lo desollaron para que su asesino pudiera llevarse las partes del cuerpo como “trofeo”. Desde entonces, el cazador, un dentista estadounidense llamado Walter Palmer, se ha visto obligado a esconderse y han pedido su extradición a Zimbabue para que se enfrente a los cargos por caza furtiva. Los ecologistas y los defensores de los animales han sugerido que la trágica muerte de Cecil puede que no sea en vano, ya que los gobiernos de todo el mundo comenzaron a debatir sobre la posible prohibición de la importación de “trofeos” de caza, una iniciativa que podría frenar la matanza de leones en el continente africano. Mientras seguimos de luto por la muerte de Cecil, el equipo de PAL está encantado de que su legado pueda servir para proteger a otros miembros de su especie, y evitar que más muertes crueles y sin sentido ocurran en el futuro.

Pero la atrocidad de matar un león produce una reacción violenta. Es difícil evitar comparar la muerte de un león con la muerte de otros individuos, a los que no se les ha prestado ni la más mínima atención que la muerte de Cecil sí ha captado. Los activistas veganos usaron internet para pedir que, si la gente está tan preocupada por la muerte de Cecil, también debería estarlo por los millones de animales asesinados diariamente para producir alimento. En cuanto a la muerte de personas, el ex-miembro del Parlamento del Reino Unido, George Galloway, afirmó a la prensa que “la sangre palestina es barata” cuando predijo que sería muy poco probable que la noticia de un bebé, de nombre Ali, quemado vivo cerca de Nablus el viernes, suscitara la misma indignación internacional que la muerte de Cecil. Probablemente tenga razón.

Puede que hayas visto las historias de las noticias en torno a la muerte del bebé Ali el viernes. A menos que sigas la historia con detalle, puede que no te hayas enterado de que, más tarde esa noche, durante los enfrentamientos violentos entre palestinos y las fuerzas armadas israelíes, dispararon a un joven. Murió horas después en el hospital. Su madre, enfermera, y su padre estuvieron a su lado. Su nombre era Laith, que en árabe significa “león”. Laith tenía 17 años y lo describían como “alguien que llevaba una sonrisa a todas partes”. Tenía toda la vida por delante y una familia que lo quería. Fue enterrado el sábado, después de que su breve existencia terminara con una bala. Su padre ha apoyado el trabajo de PAL y ha desempeñado un papel decisivo para establecer un grupo de voluntariado para nosotros en la universidad de Bir Zeit, donde trabaja. Es un amigo personal de nuestro equipo, un amigo de la organización y un colaborador leal de nuestro trabajo con los animales. El primo de Laith trabaja con nosotros como voluntario. Nuestros corazones están con la familia que empieza a seguir con su vida sin la presencia de su amado niño.

La historia de Laith no ha sido relatada por la prensa principal más allá de una oración añadida al final del artículo que cuenta la tragedia del bebé Alí y su familia. Como ya ha ocurrido con otros jóvenes antes que él, es improbable que se cuente la historia.

Los defensores de los animales saben muy bien que los animales como Cecil no suelen tener un nombre, y rara vez se los ve como individuos con sus propias vidas que quieren seguir viviendo. Al contrario, se habla de los animales en cifras: más de 115 millones de animales son utilizados en experimentos cada año; 56 billones (sin incluir los peces) son asesinados para producir comida cada año; matan 600 leones como Cecil al año por deporte. Se habla de ellos en términos de su utilidad para los humanos: son nuestros sujetos de las pruebas, nuestras hamburguesas, nuestro entretenimiento. Cuando un animal es un número, resulta más fácil explotarlos. Y aún así, cuando nos permitimos mirar, mirar realmente a los individuos, descubrimos una empatía hacia ellos que quizás ni siquiera sabíamos que teníamos. De repente, los vemos como lo que son, seres sintientes que tienen familias y una vida. Cuando los hieren o los matan, nos sentimos mal e indignados, y exigimos acción.

Por una vez, parece que se invierten los papeles. Esta semana, un león llamado Cecil se convirtió en algo más que un número y el mundo se puso de luto, mientras que un chico llamado León se convirtió en un número después de que le arrebataran la vida.

Pero, aunque la mayoría de nuestro equipo está formado por palestinos y activistas palestinos por los derechos de los animales, mientras reconocemos que hay una gran cantidad de sufrimiento y muerte en el mundo, que nunca consigue la atención que merece, no queremos condenar la empatía y la compasión que ha provocado en todo el mundo la muerte de Cecil. No queremos hacer que las personas sientan que su preocupación por un león esté injustificada o equivocada. Si mataran menos leones en el futuro, sería algo maravilloso. Queremos animar a las personas a que vean a todos los leones, de hecho a todos los animales (humanos y demás), como individuos que tienen vidas que merecen vivir. Queremos ver una expansión de la empatía y la compasión; y no pensamos que se pueda conseguir condenando a las personas por su preocupación y descontento legítimos al decirles que se centran en la cuestión equivocada.

¿Qué podemos aprender de esto?

Lo que muchos palestinos a los que han les han arrebatado la vida tienen en común con la forma en la que los animales no humanos son tratados es que, para el resto del mundo, a menudo son considerados números. Sabemos que más de 2.200 personas (principalmente civiles) fueron asesinadas en los bombardeos de Gaza el año pasado, pero sólo algunos de nosotros conocemos sus nombres. Pero, como hemos visto con el caso de Cecil, cuando miramos más allá de los números y buscamos a los individuos, despiertan en nosotros sentimientos de compasión y preocupación que pueden extenderse alrededor del mundo y crear un cambio significativo. En pocas palabras, puede salvar vidas.

Así que más que condenar a aquellos que hablan por Cecil, permítenos que los felicitemos por ver más allá de los números. Permítenos que sigamos hablando de aquellos individuos cuyos nombres y vidas están ausentes en las noticias y en las redes sociales. Permítenos que contemos sus historias. Permítenos que demostremos que cada león, cada animal y cada ser humano tiene una vida que merece vivir. Permítenos que recordemos a un león llamado Cecil y a un chico llamado León, concediendo a sus cortas vidas truncadas de manera tan trágica el respeto y la atención que merecen.

Nos gustaría agradecer a la familia de Laith por concedernos el permiso para que se publicara este artículo.

 

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