A la luz de los recientes actos de violencia que sufren las regiones de en Gaza y Cisjordania, el Director General, Ahmad Safi, escribe un blog personal sobre el trabajo por los animales en tiempos de conflicto.

 

El mes pasado, 53 palestinos fueron asesinados y más de 1200 resultaron heridos en Gaza y Cisjordania como consecuencia del reciente enfrentamiento entre, por una parte, colonos ilegales y la población palestina, y, por otra parte, las fuerzas armadas israelíes y civiles palestinos. En Palestina, marcas el paso del tiempo a través de guerras e intifadas (revueltas). Mi edad equivaldría a 5 guerras y dos intifadas. Si las tensiones actuales y los enfrentamientos habituales no disminuyen pronto, quizás añadiré otra intifada más a mi vida. Eso sí, no importa cuántas muertes, cuántos heridos, cuántas guerras y cuántas revueltas sobrevivas; nunca te acostumbras.

 

Desde finales de Septiembre, mi teléfono no ha parado de sonar y no me atrevo a apagarlo, ya que la próxima llamada podría venir de un miembro de mi familia o de un amigo cercano, como ha ocurrido muchas veces. Las carreteras están bloqueadas, y viajar de una ciudad a otra podría llevar horas durante la mayor parte del día o simplemente ser imposible, ya que nuestro derecho de circulación es vulnerado por nuestros invasores. En otros casos, podríamos sentirnos libres para desplazarnos pero, con el aumento de los enfrentamientos entre los desarmados y vulnerables palestinos y los fuertemente armados colonos, el simple desplazamiento en vehículo de una ciudad a otra puede significar poner en riesgo tu propia vida.

 

Cada noche vemos las noticias, visitamos las redes sociales, donde nos encontramos con escenas terribles de niños inocentes ejecutados en la calle, jóvenes con piedras luchando contra tanques armados y metralletas; y personas mayores, pilares de sus familias, siendo derrotados y muriendo debido a la inhalación de gas lacrimógeno. Los funerales, uno tras otro, pasan por nuestros pueblos y ciudades. A veces los sudarios son diminutos, envolviendo a niños; otros cubren los cuerpos de mujeres embarazadas, madres, padres, hermanas, hermanos, hijos.

Conforme van pasando los años, mi preocupación por la situación y por mi pueblo, no ha hecho otra cosa que hacerse más fuerte.  Sobre todo ahora que soy padre, porque mis tres hijas, mi madre y la gente que quiero no están nunca lejos de mis pensamientos durante estos tiempos de desasosiego.

La gente suele preguntarnos a mis compañeros y a mí:” ¿No tenéis suficientes cosas por las que preocuparos como para poneros a velar por los derechos de los animales?”. Y en los oscuros días por los que estamos atravesando, no puedo culparlos. Sería fácil quedarse paralizado por todo lo que está pasando a nuestro alrededor y dejar todo lo demás a un lado, mientras esperamos a que todo termine y las cosas se calmen para volver a empezar una vez más. Pero, a pesar de todo, la vida sigue y no somos los únicos con necesidades. Sólo necesitamos mirar alrededor para ver que, en medio de todo el caos que nos rodea, aún podemos hacer cosas positivas por los demás, tanto por los humanos como por los animales.

 

Hace unas semanas, durante una protesta en Ramala, un miembro de nuestro equipo fue capturado entre una multitud de personas a las que las fuerzas armadas israelíes habían lanzado gas lacrimógeno. Estaba intentando librarse de la nube de gas químico cuando vio un pequeño cuerpo que yacía en el suelo. Cogió en sus brazos al pequeño ser y corrió hasta la ambulancia más próxima. No era un niño, sino una pequeña paloma, a la que hemos puesto el nombre de Selma y que había sido golpeada con un cristal y que se había visto gravemente afectada por el gas lacrimógeno. Los ojos se le hincharon y se le cerraron, y una de sus alas le colgaba sin fuerzas. Los paramédicos le dieron oxígeno y volvió en sí. Arropada al calor de una camisa, alejaron a Selma del peligro y la llevaron a mi casa, donde pasó la noche bajo mis cuidados y los de mi familia.

 

Días después Selma comenzó a recuperar las fuerzas y la confianza,y sus ojos se abrieron de nuevo. A pesar de que aún no se sentía segura para volar, me senté con ella y con mi joven sobrino en el tejado de la casa familiar, y la vimos relacionarse tímidamente con los pájaros de la zona. Una semana después Selma sigue sin lanzarse. Me pregunto: ¿Estará traumatizada por lo que ha vivido? ¿Estará pensando en la familia y amigos que tenía?¿Se sentirá confusa  por estar en un lugar nuevo con pájaros que no conoce? No hay forma de saber qué piensa pero se ha hecho amiga mía y de mi sobrino.  Su ala está mejorando y Selma ya la puede utilizar bien. Por el momento, ha elegido quedarse, quizás confía en nosotros. Espero que sienta que puede confiar en nosotros.

 

No fue solo Selma quién se salvó ese día. Mis amigos y yo ayudamos a poner a salvo a los heridos, después de que el ejército abriera fuego. Ellos, al igual que Selma, serán atendidos por sus familias, amigos y la comunidad hasta que se recuperen. Y este es quizás uno de los pocos aspectos positivos de la actual ocupación y opresión de mi pueblo: hemos aprendido cuidarnos entre nosotros. Hemos aprendido a observar a nuestro alrededor y ver quién necesita nuestra ayuda y a ofrecerla de la mejor manera posible . A cambio, estamos completamente seguros de que si, en el futuro, necesitamos ayuda, la tendremos.

Y por  esta razón, no me sorprende para nada que, durante esos días turbulentos, nuestros extraordinarios voluntarios de PAL, siguieran contactando conmigo para averiguar en qué podían ayudar. Si no podían viajar de manera segura desde donde vivían, nos apoyaban con trabajo de investigación o de oficina. Aquellos que pudieron vinieron con nosotros para visitar a los granjeros que necesitaban consejos sobre cómo cuidar a sus caballos. Para hacerlo, nuestros voluntarios se sentaron pacientemente en los puestos de control fronterizo y tomaron desvíos muy largos para llegar a salvo y dejar el trabajo hecho. De pie bajo el sol, bebiendo té con un granjero anciano, mientras nuestros extraordinarios estudiantes de veterinaria examinaban su burro y le aconsejaban sobre cómo cuidarlo, es fácil olvidar que vivimos en un lugar marcado por los conflictos. Porque lo que sentí llegado a ese punto fue orgullo y esperanza. Orgullo por los jóvenes que trabajan duro para fomentar la compasión y solidaridad en nuestra sociedad, y esperanza de que estos jóvenes sean nuestros futuros líderes. Me hizo feliz pensar que, si podemos hacer cosas buenas, aunque sean pequeñas, en circunstancias difíciles como esta, imagina lo que podremos hacer por los animales y las personas, cuando la paz vuelva finalmente a Palestina.

 

Lo que me llevó a escribir este artículo es que una de las ideas más fuertes detrás de PAL es que nuestro trabajo no sólo consiste en ayudar a los animales, sino en ayudar a construir un estado y una sociedad por la que hemos estado luchando desde 1948. No podemos esperar a que se termine la ocupación para que empecemos a construir el futuro que concebimos para nosotros mismos, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Entre el polvo de la guerra y los gritos de los heridos, deben estar también las voces de esperanza y voluntad no sólo para sobrevivir, sino para prosperar. Y en cierto modo, así veo nuestro movimiento por los derechos de los animales y las personas. Si a todo lo que te aferras, en un momento puntual de tu vida, es al pequeño cuerpo de un pájaro inconsciente, entonces lucha por él y haz todo lo que puedas por ayudarlo. De esta manera, extendiendo nuestras manos y ayudando a los demás, construiremos un estado del que nos sentiremos orgullosos y merecedor de nuestro compromiso por la lucha contra la opresión en todas sus formas.

A pesar de los retos a los que nos enfrentamos, todos nuestros colaboradores y amigos pueden estar seguros de que, siempre y cuando sea posible, nuestro trabajo para los animales y las personas.
continuará.

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