El pasado realmente no ha dejado de existir

La otra cara del imperialismo: El modelo de los derechos de los animales
Por Ahmad Safi
Traducido y editado en castellano por el equipo de PAL

El pasado realmente no ha dejado de existir, aunque haya muerto en cierta medida. Nos enorgullecemos de lo lejos que queda lo horrible de la historia, sin darnos cuenta de que en realidad los patrones que definieron aquellos tiempos no nos han abandonado nunca. Mas bien, el pasado ha ido tomando múltiples y diferentes formas y manifestaciones. Y aunque sus metodologías parecen menos agresivas en la superficie, el legado del imperialismo persiste hoy a través de la supremacía blanca, el privilegio de los blancos, los cánones y el trato del diferente como “el otro”, y la consiguiente opresión interiorizada de pueblos enteros alrededor del mundo. El pasado ha persistido hasta el presente y, lo que es peor, esto significa que se le ha permitido construir el futuro.

El motivo de escribir este artículo es presentarlo como un catalizador hacia una discusión reflexiva entre ONGs, organizaciones benéficas, organizaciones de ayuda, y todas aquellas que llevan consigo el maravilloso deseo de hacer de este mundo un lugar mejor. Mi organización, la Palestinian Animal League (PAL), fue fundada para mejorar las vidas de animales y humanas por igual dentro de los territorios ocupados de Palestina a través del compromiso, la educación y el desarrollo de las comunidades. Nuestra misión es única en la región, y debido a esto muchas organizaciones han querido colaborar con nosotros. Las colaboraciones han dado maravillosas oportunidades, pero en algunos casos también han sacado a la luz estructuras subyacentes de poder que temo estén dirigiendo gran parte del trabajo benéfico que se da en todo el mundo.

Actos que se perciben como bondadosos perpetúan un patrón destructivo de salvadores que dirigen a incapaces y que continúan con la explotación de muchas naciones para el beneficio de unos pocos poderosos. La ayuda extranjera llega con agendas extranjeras confeccionadas a partir de lecciones relacionadas con las experiencias vividas en el mundo occidente. Básicamente, este deseo de ayudar se convierte en necesidad de controlar. Los salvadores de la nueva era quieren rescatar, ayudar, enseñar, y hacernos comprender y mejorar nuestra forma de pensar, actuar, observar, creer, etc. Deja de ser un deseo y se convierte en un deber percibido. Cuando se basan en la quizás idea subconsciente de que los “nativos atrasados” son incapaces de gobernarse, ciertas personalidades pueden florecer en este ambiente y dar lugar a tendencias tiránicas y opresoras. Defiendo que el futuro de una ayuda y colaboración internacional positiva dependerán de una honesta y, a veces, incómoda comprensión de estas disparidades históricas de poder en juego, así como de la voluntad de reflexionar acerca de cambiar nuestros propios roles en el terreno mientras avanzamos en conjunto.

Este problema es infinitamente complejo, pero hay algunas ideas fundamentales que sirven para empezar a analizarlo. La primera puede clasificarse como el fenómeno del “salvador blanco”, o la idea de ser necesitado por “el otro incapacitado”, y seguir separado de éste y mantener una posición de autoridad o poder (es decir, privilegio). Esta idea que una vez otorgó justificación a las brutales conquistas de los prematuros colonialistas, ahora ahora alimenta un sistema de ayuda desequilibrado en el que los países desfavorecidos son forzados a confiar en la riqueza y en la toma de decisiones de las poderosas naciones predominantemente blancas. Aunque la primera se traduce como extorsión, y la última como buena voluntad, ambas sostienen la premisa destructiva de que hay un grupo que es incapaz de gobernarse o ayudarse a si mismo. En esta definición, ambos ejemplos no son tan distintos; de hecho, lo que nosotros hoy consideramos una brutal conquista, en su día se percibió como “el deber del hombre blanco” y el esfuerzo para iluminar y elevar a los pueblos menos evolucionados al nivel de las civilizaciones occidentales a través del lenguaje, la vestimenta, el pensamiento, y los cánones de belleza y estética.

Esta relación también implica un deseo de ser idolatrado o de mantener una superioridad, la cual se consigue de algún modo a través de la opresión del “otro”, ya sea directamente o a través de invalidar o desacreditar sus méritos. Esta es la base de la colonización, y la sangre que corre por las venas de los que adoctrinan en esta ideología. Sus mecanismos son sutiles, tanto es así que la mayoría no es consciente de sus privilegios heredados y a menudo inconsciente de sus ideas de supremacía. Buscar “ayudar” o “educar” en un escenario de poder desequilibrado, no importa cuan supuestamente noble sea la intención, tiene de base la idea implícita inherente de inferioridad.

Quizás lo más interesante y decepcionante es que este concepto defectuoso no sólo se encuentra en la mente de los poderosos, sino que también está apoyado por aquellos que son oprimidos por él. No hay nada más sencillo que interiorizar nuestra propia opresión y creernos el cuento de que carecemos de la competencia para alcanzar las cosas por nuestra cuenta. Lamentablemente numerosas organizaciones locales que están haciendo un trabajo increíble han sido víctimas de este pensamiento y creen que los expertos extranjeros son necesarios para enseñarles cómo se deberían o no se deberían hacer las cosas. Nos hemos vuelto dependientes de la abundancia percibida como ayuda extranjera en forma de financiación o liderazgo, y con la creencia de que es el único camino de sobrevivir en este mundo desproporcionado, creamos nuestro propio detrimento.

Estas transgresiones son peligrosas principalmente por su sutileza. Los aspectos que pueden cambiar el discurso son a menudo pasados por alto u omitidos totalmente. En 2016 salió a luz una historia sobre el rescate y traslado de varios cachorros de león desde el campo de refugiados Al-Shabboura en Gaza a Jordania. Este exitoso rescate obtuvo reconocimiento internacional y todos los elogios fueron para la organización internacional Vier-Pfoten, así como para las Fuerzas de Ocupación de Israel, que “permitieron” el traslado de los cachorros desde Gaza. Nunca se reconocerá que la gran parte del esfuerzo realizado en el país fue llevado a cabo por Palestinian Animal League. Además, el único papel de los palestinos en la historia que se contó fue el de pueblo del que los cachorros tenían que ser reubicados. Esto afianzó y perpetuó la imagen estereotipada de que “nosotros” no somos lo suficientemente de fiar para dirigir nuestras vidas y sus diversos aspectos sin “ellos”, los salvadores blancos. Incluso si estos salvadores blancos tuviesen la actitud positiva de que “nosotros”y “ellos” tenemos los mismos intereses comunes y debemos trabajar juntos, incluso si sus intenciones fuesen puras, nuestro trabajo en conjunto siempre estaría supeditado a los estándares extranjeros.

No es mi intención criticar a nadie en particular, y odio la ideología de generalizar; desde luego, no todas las personas alimentan esta manera de pensar o plantea esta visión de ser el salvador blanco de aquellos que considera lo necesitan. Por mis propias experiencias con organizaciones benéficas, sin embargo, he sido incapaz de evitar darme cuenta de esos patrones destructivos y sería negligente por mi parto no aportar mi voz al debate. Es cierto que no podemos evitar los discursos que dan forma a nuestras vidas pero eso no nos exime de la responsabilidad de reflexionar y ser críticos, y de concienciar para desafiarlos y cambiarlos. El primer paso es ser plenamente consciente de lo que sucede en la actualidad y de los roles que tu sociedad desempeña en los desequilibrios de poder que producen las situaciones en las que quieres “ayudar”. Esta es tu lucha, tu batalla, y tienes que ser parte del desmantelamiento desde el interior. No es suficiente alimentar a un perro o dar refugio a un gato y sentir que ya has hecho algo para tu propio sentido de humanidad o para limpiar tu conciencia. Es una banalidad escribir una publicación de solidaridad en Facebook desde la comodidad de tu existencia, simplemente para acariciar tu ego y recibir unos cuantos “me gusta”. La realidad va más allá. Cuestiona el orden mundial. Cuestiona en qué posición te encuentras dentro de él. Cuestiona el concepto de “ayuda” y las dinámicas de poder que lleva intrínsecas. Sé el otro para que seamos uno. Y a aquellos que sean capaces de ver que su liberación está enraizada en la nuestra, solo les quiero decir que continuemos juntos como iguales.
Referencias:

1. http://komonews.com/news/offbeat/photos-inseparable-lion-cub-siblings-cuddle-on-journey-to-safety-11-21-2015-123551762#photo-17

 

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