Huelga

Huelga

Por Ahmad Safi

Editado y traducido por el equipo de PAL

Hay ocasiones en las que estoy convencido de que deliramos al pensar que somos seres que tenemos alguno de los derechos básicos a ojos de las leyes internacionales. No hemos elegido esta vida, pero venimos a vivir en este sistema, en esta época, dentro de esta piel. Esta vida construye muros contra la forma en que tratamos a otras criaturas que viven a nuestro lado, en esta misma realidad inundada de violencia y odio. Y más importante aún: esta tristeza destruye la esperanza. Una tristeza que no permite que los derechos, la moral, la humanidad, la justicia, y la igualdad se conviertan en algo más que palabras. Hace que se conviertan en conceptos ajenos sobre los que es difícil incluso hablar y, mucho menos, imaginar alcanzarlos en nuestra vida.

Ya han pasado 25 días desde que los presos políticos palestinos comenzaron su huelga de hambre. Como prisioneros bajo el control israelí, durante su cautiverio deberían tener garantizados los derechos más básicos que otorga la ley, los tratados y los acuerdos internacionales. Sin embargo, como son considerados criminales por este sistema, se les han negado estos derechos dentro de un país que se considera a sí mismo por encima de la ley y que actúa como tal.
Aunque la huelga haya sido en gran parte ignorada por muchos medios de comunicación, quizás hayas podido leer o conocer algunas de las razones que los presos han necesitado expresar ( https://www.hrw.org/news/2017/05/02/hunger-strikes- highlight-isolation- palestinian- prisoners ).
Reclaman el acceso a recursos básicos y a las condiciones dignas que les han quitado, entre las que se incluyen más visitas de sus familias, una línea de teléfono para comunicarse con sus familiares del exterior, un acceso menos restringido a los canales de comunicación y mejorar la calidad de la comida que llevan recibiendo durante años. Se puede conocer en más detalle sus reivindicaciones en el siguiente enlace:  http://www.maannews.com/Content.aspx?ID=776469

Como palestino atrapado en un conflicto politizado y dramáticamente injusto, a menudo intento evitar hablar de política. Pero no es algo que cualquiera de nosotros pueda evitar durante mucho tiempo ya que impregna todas las facetas de nuestra vida, aunque algunos cuantos continúen intentándolo. La política que aflige a mi país no es algo separado de nuestras vidas y nuestro trabajo diario. De hecho, la violencia que ha moldeado nuestra vida es precisamente lo que nos ha impulsado a luchar por los animales y por aquellos explotados por fuerzas más poderosas. Es difícil no comparar las experiencias que compartimos con ellos y más aún dentro de este mundo de patrones de violencia recurrentes llevados a cabo por el fuerte contra el débil. ¿Cómo es posible que busquemos beneficios en dibujar líneas para diferenciarnos?

A veces recuerdo de que cae sobre los hombros de personas severamente limitadas encontrar una solución al sufrimiento animal dentro de un estado de injusticia que ha persistido durante los últimos 69 años, exactamente desde que se fundó el Estado de Israel. No gozamos de los derechos fundamentales concedidos a humanos y a otras especies. Con tal desesperación, nuestra misión comienza a sentirse terriblemente alejada de la realidad en la que vivimos día a día. Gritamos por los derechos de los animales dentro de un mundo que ha sido devorado por una injusta y violenta ocupación y que nos ha despojado de los derechos humanos más básicos.

Escribo estas líneas como activista por los derechos animales bajo un sistema de ‘apartheid’ detrás de un muro y me pregunto cuántas personas más hay como yo. Me pregunto por qué nuestro sufrimiento no provoca las emociones de un movimiento que por sí solo se ha dedicado a eliminar el sufrimiento de seres que se encuentran atrapados en jaulas, naves, granjas y mataderos. Me siento escuchado y apoyado por la comunidad de derechos animales, pero solamente cuando soy cuidadoso y hablo únicamente de animales. Por eso me pregunto qué es de nosotros cuando se debate sobre nuestra situación y se permite que nos ignoren. El sufrimiento de un pollo criado 40 días para convertirse en carne nos une en su barbaridad. Pero, qué hay del feroz sufrimiento soportado dentro de muchas cárceles israelís durante años, por aquellos que han sobrevivido a todo. Los días se escapan como arena entre tus dedos mientras tus hijos e hijas crecen y tus padres envejecen al otro lado de esas paredes. Permaneces atrapado en una tortura diaria, con palizas, confinamiento solitario, donde se bloquean los tratamientos médicos y estás completamente aislado del mundo por el que una vez luchaste. Quiero encontrar una explicación al silencio que responde a los gritos, tanto de los 1.700 presos palestinos que han muerto, como a los de los que muy pronto se unirán a ellos con esta huelga de hambre que llega a su día 26.
Incluso nuestra historia nos engaña. Estamos atravesando el peor escenario de nuestro tiempo. Ya sea en un campo de concentración bajo la ley nazi, un campo de concentración israelí o una granja industrial utilizada para producción de carne, no podemos competir por ver cuál es peor. Me gustaría saber si nuestra resistencia, el dolor por el que hemos pasado, tiene algún sentido o, si bien, este sufrimiento se debe a un pecado que hemos cometido sin saberlo.
A menudo me paro a reflexionar sobre el soldado vegano israelí que ficha para realizar su deber ataviado con su casco verde y sus verdes botas, libres de productos animales. Bloquea carreteras, dispara a niñas y niños, tortura, degrada a presos y les observa morir en todos los sentidos. Durante su fin de semana, al otro lado del muro, agarra una pancarta y se manifiesta en contra de la vivisección y, en ese mundo, se considera a sí mismo un defensor de los débiles. Ese tipo de acciones son admirables, pero no podemos ignorar la contradicción. Según tengo entendido, la lucha por los derechos de los animales, en su esencia, es una lucha por la más pura y simple igualdad. Y si esta es una definición con la que estamos todos y todas de acuerdo, soy incapaz de comprender la lógica que permite a muchos de nosotros excluir de la consideración moral el sufrimiento de todo un grupo.

Me gustaría dirigirme a ti, a esas personas como tú, que te estarás preguntando qué se puede hacer, y decirte que estoy seguro de que compartimos el mismo corazón. Estoy seguro de que tu empatía hacia todos los seres de este planeta te llevará a apoyar a la Humanidad en todas sus facetas. Espero que puedas ver que tomando posición, formas parte de la lucha existencial de la propia Humanidad gracias a la liberación de los demás. Debes liberarte a ti mismo de conceptos simples que atan cables a tus manos y te dejan inútil. Di no a la injusticia, no a la guerra, y di no a esta neutralidad tóxica que te hace cómplice justificando toda esta miseria basada en la nacionalidad. Como nos ha enseñado nuestra lucha por los animales, cuando se trata de derechos y sufrimiento no hay distinciones. Cada uno de nosotros tiene el poder para defender lo que es justo.

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